Tiempos de cambio: La primera tarea del Presidente del Bicentenario

Por: Julio Navarro Falconí/Artículo de opinión

Alguna vez escuché que los tiempos difíciles crean hombres fuertes, y que los hombres fuertes crean tiempos prósperos, pero los tiempos prósperos crean hombres débiles, y los hombres débiles crean tiempos difíciles.

Esta paradoja de la vida ha capturado a nuestro país, una tierra maravillosa que hoy muestra con total claridad la enorme brecha que separa a la capital con las regiones, una brecha abierta como una herida crónica que en las últimas semanas ha sangrado sin parar.

En estas semanas de campaña electoral y de pataletas antidemocráticas hemos sido testigos del verdadero rostro que tienen aquellos hombres y mujeres débiles y únicos responsables de los tiempos difíciles que estamos viviendo, hombres y mujeres que, a pesar de la realidad, se niegan dogmáticamente a reconocer y aceptar las consecuencias de un modelo económico y de gobierno que santifica al libre mercado y al crecimiento del PBI como si fueran el único camino hacia el progreso, sin embargo, lo que nos ha dejado es una aguda desigualdad social y económica, una informalidad crónica que linda con la esclavitud a la que llaman informalidad y subempleo, además de una crisis moral instalada en los tres niveles de gobierno para hacer de la corrupción y el crimen organizado su principal característica.

Tiempos difíciles para una sociedad elitista que ha perdido la vergüenza, la dignidad y también las elecciones, a pesar de haber hecho lo imposible para imponer sus intereses mezquinos, recurriendo al miedo, al clasismo a la discriminación, a la mentira y a la trampa, con tal de mantener su estatus y condiciones de privilegios porque creen tener porque son de piel blanca, porque viajan al extranjero, porque tienen grandes empresas, porque son dueños de universidades peruanas, por mencionar a los buenos.

Porque negocian con el narcotráfico, con la tala y laminería ilegal, con la corrupción, con el lavado de activos y la trata de personas, por mencionar a los malos y buenos que recurren muchas veces a los mercaderes de la política para manejarlos a su antojo a cambio de pagos y regalos bajo la mesa.

Y como periodista no puedo no puedo dejar de decirlo tampoco, los medios de comunicación más importantes, más poderosos del país, también se sacaron la careta y hasta hoy, siguen mostrando cuán vil y dañinos puede ser el periodismo cuando renuncia a su rol social para hipotecarse y someterse al poder político y económico de sus dueños.

Otra forma de esclavitud, como consecuencia de la dictadura de la ignorancia que padecemos, por eso ahora que tendremos un nuevo gobierno a cargo de un presidente profesor, que no le debe a ningún grupo de poder, ni a los buenos ni a los malos, puede ser la oportunidad para repensar el modelo económico y de gobierno que debemos tener. Pero debe de ser en un modelo basado en la virtud como decía Aristóteles donde ningún extremo debe prevalecer, porque el Perú no es un país que necesita ser de izquierda de Centro ni de derecha, ni comunista ni capitalista.

El país necesita ser una nación de bueno ciudadanos, de hombres y mujeres de bien y para que esto sea posible, necesitamos una verdadera revolución, pero de una revolución de la educación y hablar de educación no se reduce a las aulas y profesores únicamente. Creer que la infraestructura y la tecnología son suficientes para alcanzar una educación de calidad, sería insistir en el mismo error que venimos cometiendo hace 100 años en el Perú.

Estoy convencido que una verdadera revolución de la educación es el mejor camino que debemos seguir para que la paradoja de la vida que mencioné al inicio no nos siga atrapando en este círculo vicioso del que todavía no nos podemos librar. Por eso el profesor y presidente electo debe escoger a sus equipos de trabajo cuidadosamente porque ya conocemos la capacidad camaleónica que tienen los políticos de siempre para infiltrarse en cada gobierno para seguir haciendo de las suyas. De estos hombres débiles debemos liberarnos dejarlos lejos del gobierno, sus fracasos son más que evidentes.

Lo que ahora necesita el país es de hombres y mujeres fuertes como aquellos que a pesar de la adversidad de la pobreza y de la falta de oportunidades han sabido salir adelante cuyas experiencias de vida han demostrado que tienen el valor, la fuerza y las convicciones suficientes para luchar por el bien de su país, de sus pueblos y de sus hermanos y hermanas.

Hoy en estos tiempos difíciles necesitamos hombres y mujeres fuertes de bien con ética con valores y principios y que éste totalmente dispuestos a sacrificarse y anteponer el bien común por encima de sus intereses personales y sobre todo que estén dispuestos a ser los verdaderos protagonistas de la revolución de la educación que realmente necesitamos, convocarlos y escoger los bien es la primera tarea que tiene que cumplir el profesor Castillo en este mes de aniversario patrio, esto es tiempos de cambio.

Mire aquí el video:

(*) El autor es Periodista, Profesor en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y la Universidad Le Cordon Bleu.

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