¿Otra vez Sendero?

Por: Miguel Pérez/Artículo de opinión

Una noticia que ha removido los cimientos de la coyuntura política actual, en el Perú, es el hallazgo de 18  cadáveres, en el VRAEM, que, al parecer, murieron ultimadas en un asesinato en masa y cuya autoría está aún en investigación. Ello, a pesar que las Fuerzas Armadas y policiales sindican a los remanentes de Sendero Luminoso, escondidos en dicha zonal como los autores de dicho execrable crimen.

  • Un crimen atroz: 18 personas muertas, entre ellos dos niños.

Conforme el parte policial expedido por las autoridades de la zona, se encontraron los cadáveres en el poblado de San Miguel del Ene,  al borde del río Chimpinchariato, en dos locales, repartidos entre ambos por un camino, en la ladera del acotado río; “la mayoría de los cadáveres presentaban orificios al parecer de arma de fuego”.

Estos hechos, ocurridos en una zona llamada “Cuchipampa”, en el poblado de San Miguel del Ene, en la jurisdicción de Vizcatán del Ene, en Satipo (Junín-VRAEM), habrían ocurrido entre el 22 y 23 de mayo últimos. En medio de tal colosal desgracia y desprecio absoluto por la vida, dada la crueldad de los delincuentes que mataron a estas personas, se encontraron muchos panfletos con la inscripción de la hoz y el martillo en la cabecera del texto, además de reivindicar al “militarizado partido comunista del Perú”.

Las fuerzas armadas y policiales han dicho ya, sin investigación de por medio y sin haber perfilado necesariamente a quien o quienes haya dejado los panfletos, las armas utilizadas, las balas usadas y sus trayectorias además de los posibles motivos para los asesinatos atroces que han ocurrido, que Sendero Luminoso está de vuelta y que se trata de un acto terrorista cometido por dichos remanentes. En un escenario de conveniencia política, Fuerza Popular ha despertado de sus pesadillas hacia el fracaso electoral y ha alzado voz en cuello que “sendero está de vuelta” y que “terrorismo nunca más”.

Es claro que es un crimen atroz el que se ha cometido en el VRAEM.  Sin embargo, llama la atención que las conclusiones, lanzadas a los aires por todos –en especial por las instituciones implicadas y los medios de comunicación más importantes del país-, pareciera hacerse con la única finalidad de buscar un nexo entre los autores de estos hechos y la candidatura de Pedro Castillo a quien le atacan permanentemente de “comunista” y de “marxista”. Y, consecuentemente, con el favorecimiento de la candidatura de Keiko Fujimori, ensalzada como nunca, en este proceso electoral atípico.

  • Motivos para investigar más y ¿Por qué no dudar de la autoría?

Los muertos están, son 18 personas, entre hombres y mujeres y, por desgracia, 2 niños. Todos ellos con heridas de PAF. ¿Sabemos qué tipo de proyectil se ha utilizado en los asesinatos? Y, a todo ello, ¿se han hecho las pericias de identidad balísticas para poder saber de qué tipo de armas fueron disparadas? Y ¿si estas armas son las que usan las remanentes de Sendero Luminoso? Creo que no, que aún están haciendo los oficios para peritar todo ello. Pero ya concluyeron, anticipadamente lo que ya nos han dicho todos los medios de comunicación.  Pero hay niveles más específicos para construir esta duda metodológica y que nos puede alcanzar algunas luces al respecto:

a) Llama la atención de entre las fotos que han rebotado en varios importantes medios de comunicación, el de una mesa en donde están regados varios panfletos, tres en encima de la mesa y dos en el piso. Si observamos bien, no hay correlación gráfica entre uno de los panfletos que aparecen en el piso y el que aparece, solo en una foto; sino tan solo respecto de la hoz y el martillo puestos en la parte superior de dichos documentos. Dicha correlación gráfica inexistente se presenta cuando el documento es expuesto individualmente, para poder leer su contenido, por las autoridades.

b) Luego, hasta donde se puede ver, las personas que cometieron el crimen pretendía, necesariamente que se supiera de los detalles de su panfleto: sus motivos, sus vivas y su posible identidad. Dejó varias copias por si alguna se perdía al momento que llegaran las autoridades. En un escenario de terrorismo con asesinato selectivo hay razones para el crimen, pero tanta necesidad de dejar su “tarjeta de presentación”, llama la atención. Los expertos de Quantico -del FBI- bien podrían objetar esta aparente forma de actuar. La publicidad en el crimen tiene sus límites.

c) Miremos ahora el texto del panfleto y hagamos perfilación de su posible autor:

  • Usa, en uno de los párrafos, la categoría sociológica de “valores sociales positivos”. Una categoría que, desde la sociología de la desviación se establece como una de las tres que puedan darse: “valores sociales neutrales, positivos o negativos”, en el proceso de socialización y en razón de la búsqueda de la conformidad/ no conformidad o desviación social, en términos de conducta humana. Los muertos no actuaban conforme socialmente, eran sujetos desviados y practicaban unos valores “sociales negativos”. Es lo que nos dice. Por tanto el autor del panfleto es un estudiante de sociología, un sociólogo o alguien con los conocimientos básicos de ello, en cuanto a lectura social de la realidad. No es un hombre común y corriente.

 

  • La redacción del panfleto no está mal hecha. No es perfecta pero es buena. Denota cuidado en la puntuación y la corrección de la construcción de lo que quiere transmitir. Es un sujeto educado y con buena instrucción. Hecha por cierto en un tipo de letra que solo los procesadores de texto pueden conseguir, en ordenador computarizado y con impresiones en copias, las suficientes para que no se le pierda una. El sujeto que hizo esto tenía la necesidad que todos vean que él había sido. O que todos vean a quien él quiere que vean.

 

  • No es un sujeto de la zona. No es quechuablante ni escribe el quechua. Ello lo sabemos por sus cuidados en la redacción. Pero también lo podemos ver por que construye mal la palabra “QALY WARMA” o “Q’ALY WARMA” que significa “niño sano”. En su lugar escribe “QARI HUARMA”, que no significa nada. Su cuidado por tanto con el idioma y con la redacción entra en contradicción directa con su forma de escribir la palabra en quechua. Y la única forma de salvar sus propósitos es concluir que NO ES QUECHUABLANTE, no es de la zona sino más bien quiere aparentar ser de la zona, al punto que cita nombres de lugares como “Cuchipampa” o de personas como el “gordo Jhon de Pichari”. Esto es de tenerse en cuenta pues todos allá, o la gran mayoría, son quechuablantes y si aparte de ello han sido instruidos en la cultura occidental, harán uso de ella, máxime si construyen con gran expertiz un panfleto con una redacción aceptable. Podemos hablar de ¿un fraude? Eso debe investigarse.

 

  • En la parte final, hace una invocación en falso de la ideología de Sendero Luminoso. Éste, se define como el PCP-SL y no como el “Militarizado Partido Comunista del Perú”. Eso no existe, o por lo menos no tenemos conocimiento de ello, en los estudios previos sobre “senderología”, tan comunes en los ochenta y noventa. Peor, Sendero Luminoso no se define como un partido de ideología “marxista, leninista, maoísta; principalmente maoísta”. Su adscripción ideológica es más bien “marxista, leninista, maoísta y principalmente pensamiento Gonzalo”. Concibiendo a “Gonzalo”, como “la cuarta espada del marxismo, leninismo y maoísmo”. Esta adscripción ideológica no marca pues una identidad para con Sendero Luminoso. Peor si no dan vivas a Gonzalo, su líder histórico, sino a “Raúl”.

¿Podríamos estar ante un nuevo grupo insurrecto armado y delincuencial?

Un análisis alternativo de los hechos, en la medida que no podemos identificar a plenitud a Sendero en este cobarde asesinato, es que sea posible que estemos frente al nacimiento de un nuevo grupo armado asesino y terrorista. Uno que, se confiesa “marxista, leninista, maoísta; principalmente maoísta” y que se defina como “militarizado partido comunista del Perú”. Las opciones están servidas y deben investigarse y no concluir como los relámpagos de Lima, tan de pronto y con aparentes únicas finalidades electorales en el contexto político que se dan en el Perú.

Ya tuvimos suficiente cuando en los ochenta, cuando degollaron y colgaron las cabezas de aquellos perros en Chuschi, dando inicio a esa demencial guerra terrorista y asesina de Sendero, los miembros del gobierno de aquella época dijeron que eran “abigeos”. Ahora le ponemos a todo acto terrorista como “Sendero” y es posible, como repito, que estemos frente a una nueva amenaza en el Perú. Una que de la que debemos defendernos pronto, sin preferencias políticas de por medio.

¿Otra vez Sendero?

Un dato adicional, en los dos últimos procesos electorales; de 2011 y 2016, previo a las elecciones en segunda vuelta, primero con Ollanta Humala y luego con PPK, hubieron, días previos al balotaje final, asesinatos selectivos por parte de “Sendero Luminoso”.  Es posible afirmar que ello sea una realidad incuestionable: los asesinatos. Pero también es posible afirmar que dichas estratagemas, si lo fueran, han pretendido beneficiar sin lugar a dudas al candidato adscrito al partido político que se ha apropiado por siempre de la idea de haber luchado y “vencido” al terrorismo: el fujimorismo. Ello, a pesar que el GEIN estuvo enfrentado al SIN en la lucha contra Sendero, siendo el SIN el principal opositor para el éxito del GEIN en dicha lucha y éxito final: la captura del “cachetón Gonzalo”. Son testigos los cientos de testimonios y estudios reveladores que dicen que Montesinos y sus huestes de inteligencia al servicio de la dictadura, tuvieron siempre ubicados a Abimael Guzmán -Gonzalo-, y que lo usaban, y usaban a Sendero, para “gobernar a través del miedo”. Un secreto que solo la dictadura -de la mano de los aparatos de inteligencia- saben dar rienda suelta. ¿Hasta cuando? Eso solo lo sabremos el 6 de junio.

(*) El autor es Abogado y Criminólogo, Doctor en Derecho y Director General del Instituto Peruano de Criminología y Ciencias Penales (INPECCP) y del Centro de Altos Estudios en Ciencias Jurídicas Políticas y Sociales (CENALES).

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