Miguel Pérez Arroyo: “El colaborador eficaz es, en esencia, un psicópata integrado”

Miguel Pérez Arroyo: “El colaborador eficaz es, en esencia, un psicópata integrado”

Para el criminólogo la mayoría parece olvidar que se trata de individuos que han cometido delitos

Un colaborador eficaz no es una persona proba, en absoluto, sino un delincuente que acepta su culpabilidad y, a cambio de beneficios procesales diversos (exención de pena, remisión o atenuación de la misma), decide ayudar a las autoridades encargadas de perseguirlo penalmente. Así lo sostuvo el reconocido criminólogo y abogado penalista Miguel Pérez Arroyo.

El especialista explica que la colaboración eficaz es un procedimiento autónomo, no contencioso y basada en el principio de consenso mediante el cual “el colaborador se declara responsable de los delitos que se le imputa y se compromete a no realizar más actos delictivos, aportando información relevante respecto a los delitos cometidos y los diversos engranajes criminales en que se ha movido, para descubrir así a otros delincuentes que hayan podido delinquir con él”.

Por tanto, nadie que no acepta haber cometido delitos se hace colaborador eficaz. Además, dependiendo de la naturaleza del delito, la forma en que lo haya cometido, la frecuencia, el cuidado puesto en ello; etc., se determinará si es o no un psicópata y de qué tipo.

El problema, añadió el especialista, es que hoy la mayoría parece olvidar que se trata de individuos que han cometido los delitos más atroces, calificados como tal por el Código Penal, que incluso daña los tejidos sociales más sensibles; en unos casos son violentos y voraces (como los asesinos en serie o los depredadores sexuales); otras simplemente sujetos integrados en la sociedad (altos funcionarios del Estado, empresarios solventes y, desde luego, políticos corruptos).

En los delitos de corrupción de funcionarios y otros con móvil económico, en donde el poder es el elemento central de sus hechos, se trata de delincuentes socioeconómicos y, por tanto, según la criminología de la conducta delincuente, es un “psicópata integrado”.
“Es en esencia, un psicópata integrado, porque no es agresivo y no es un público transgresor de las normas de convivencia, como sí lo son los asesinos seriales o los depredadores sexuales”, remarcó.

Pero ¿qué significa ser un psicópata integrado? Según Pérez Arroyo, se trata de una persona con formación, educación, capaz de insertarse en grandes organizaciones legales y bien constituidas, insertas en grandes empresas, corporaciones económicas, despachos de abogados, aparatos de poder fiscal, judicial y desde luego, políticos; para, a partir de dicho posicionamiento, manipular el sistema en su único y especial provecho.

“Estos individuos, conforme los instrumentos de medición y clasificación de la conducta desviada han sido caracterizados como “mitómanos” y “mentirosos”, “manipuladores”, “narcisistas”, “histriónicos” -enorme capacidad para la impostación e incrustación de hechos no ocurridos pero que se sienten como reales- y, sobre todo, voraces cazadores de víctimas en su único provecho”, detalló el criminólogo.

Es decir, son “depredadores humanos”. Padeciendo un trastorno de la personalidad de primer grado como lo es el de una “psicopatía disocial”, conjugan tras de sí la suma de todos los trastornos con vocación delictiva que se pueden encontrar en una persona.

Creer a ciegas
De acuerdo con Pérez Arroyo, estas características, que además obran en todos los manuales de perfilación criminal y criminología aplicada a la conducta humana -desviada-, deberían tomarse en cuenta a la hora de validar las declaraciones de los colaboradores eficaces y utilizar sus dichos como verdades absolutas.

“La pregunta que me hago es por qué un fiscal le creería a pie juntillas todo lo que le ha contado y, sin acabar un proceso de corroboración y llevarlo a un nivel de convalidación judicial, pueda sustentar un pedido de prisión preventiva para una persona que es víctima de su “negocio privado” con la Fiscalía; una en la que las otras partes procesales -imputados- no pueden participar ni tan siquiera para controlar la calidad de información aportada a verificar”, puntualizó.

Para el especialista, en aquellos casos donde se inserta dichos de un postulante a colaborador eficaz, el Ministerio Público debería pedir una pericia psicopatológica, con especial incidencia en su grado de psicopatía disocial y su posible grado de trastorno psicópata, que ayude a la propia Fiscalía a “no caer en las trampas propias de un psicópata integrado capaz de engañar al propio polígrafo”.

“Esto último es un dato alarmante. El psicópata suele vencer en las pruebas de fiabilidad al polígrafo. La razón es que son sujetos subconectados en términos de neurociencia a nivel prefrontal lo cual les habilita tener reacciones planas ahí donde cualquiera se horrorizaría o caería en profundo shock. Son los delincuentes más peligrosos que cualquier sistema penal pude cobijar”, finalizó.

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