Excomandante Víctor La Vera, ¿culpable o víctima?

Excomandante Víctor La Vera, ¿culpable o víctima?

Por: Infolegal

Hace poco más de un año dio inicio al juicio oral contra Víctor La Vera Hernández, por la presunta comisión del delito de asesinato en grado de tentativa, en agravio de Sonia Muñoz Cuadros, cuando era comandante jefe del Batallón Contrasubversivo N° 51 (Castropampa) de Huanta, Ayacucho.

De acuerdo a Muñoz Cuadros, en mayo de 1988 ocho efectivos militares provenientes de la Base Militar de Castropampa habrían ingresado a su vivienda para llevarla a la Base de Churcampa acusándola de entregar correspondencia a elementos terroristas puesto que tenía una tienda y una concesión de la oficina de correos.

Tras supuestamente haber sido agredida, torturada e interrogada en la Base de Castropampa, ella asegura que la llevaron hasta la laguna de Pirhuaccocha, una vez allí la obligaron a ponerse de cuclillas y le dispararon dos veces en la cabeza, pero al percatarse los militares que seguía con vida le habrían disparado a la altura del corazón; tras lo cual le echaron un poco de tierra y le dejaron un papel con un mensaje subversivo sujetado con una piedra que decía “así mueren las soplonas.

Por increíble que suene, Sonia Muñoz afirma que cuando el vehículo militar se retiró, se desató y caminó durante varias horas pidiendo ayuda, para luego ser trasladada a la ciudad de Lima, siendo operada aproximadamente una semana después de los hechos.

Para la defensa del acusado los hechos relatados por la presunta víctima resultan inverosímiles porque no resulta creíble que una persona haya recibido dos disparos en la cabeza y uno en el corazón y no haya quedado mínimamente con lesiones graves que le hayan hecho perder el conocimiento en ese momento; máxime, si no recibió atención al instante.

“No es creíble que la supuesta agraviada, después de recibir dichos disparos, se haya desatado sola y caminado descalza durante varias horas solicitando ayuda”, cuestiona la defensa del exmilitar.

A ello se suma la declaración de César Hildebrandt Pérez Triveño, quien fue llamado a declarar como testigo el pasado 25 de marzo de este año. Para el periodista, el relato de Muñoz Cuadros tiene muchas incongruencias.

“Me pareció una incongruencia que la señora dijera que fueron a recogerla a su casa, pateando la puerta y con mucha violencia un grupo de gente vestida, de hombres vestidos de civil y que luego esos hombres, en el trayecto o en alguna de las instalaciones donde estuvo ya estaban uniformados. La pregunta claro, más lógica es, ¿por qué si querían aparentar ser civiles después se uniformaron?, o sea ¿por qué se quitaron la máscara de esa manera?”, indica Hildebrandt.

“Después, la señora en uno de los párrafos de la nota, dice haber oído que alguien, un oficial, parece, teniente o capitán le dice a otro refiriéndose a ella: ‘tengo compasión, porque se apellida igual que yo’, es una frase bastante extraña que en el caso de un mando militar, sobre todo de un mando militar dirigiendo un grupo de exterminio (…) luego dice que vio los FALES, refiriéndose a eso que he dicho “fusil automático ligero”, entonces es aún todavía mucho más milagrosa su sobrevivencia, yo sospecho que en este caso ella no tenía muy en claro, que armas usar porque puede fallar un FAL pero no tres y ella vio disparos casi simultáneos”, agrega.

El periodista también cuestiona el testimonio de la supuesta víctima sobre un oficial diciéndole a un subalterno que la política es ahora armar a las rondas, que van a ir disfrazados de senderistas y que “si nos reciben bien, los liquidamos”.

“Aún en la lógica de la guerra sucia que se libró durante mucho tiempo en las zonas de emergencia, eso suena bastante infantil, o sea los soldados que iban a ir disfrazados de senderistas y si los recibían bien iban a actuar, pero si los recibían mal iban a comprobar que esa aldea era leal a los intereses del Estado y del Ejército, pero corrían el riesgo de ser asesinados en el camino, si eran sospechosos de ser senderistas, entonces no hay mucha lógica en ese relato”, cuestiona.

Por otro lado, Esteban Cuya, quien en 1988 trabajó para la ONG SERPAJ (Servicio de Paz y Justicia) la misma que habría prestado ayuda a Sonia Muñoz para escapar a Lima y ser operada, tuvo contradicciones en su declaración, ya que en un primer momento aseguró haber visto los casquillos que supuestamente le habrían extraído en la operación a la presunta agraviada, empero luego sostuvo que no fue testigo de ello sino que “fueron sus compañeros quienes se lo contaron”.

Además, indicó que lo único que vio es que había sangre en el cabello de Muñoz Cuadros, sin poder precisar si vio alguna herida u orificio de entrada de alguna bala, también refirió que la llevaron a operar con el neurocirujano Esteban Rocca, quien era congresista y estaba protegido, porque temían que otros médicos se negaran a operarla por vincularla presuntamente con Sendero Luminoso.

“Todo ello, nos lleva a darnos cuenta de que los cargos atribuidos a Víctor La Vera Hernández son falsos, siendo estrategias de las ONG, que buscan lograr una victoria contra las Fuerzas Armadas, judicializando la lucha contrasubversiva en nuestro país”, afirma la defensa del acusado.

CATEGORÍAS
ETIQUETAS
Compartir Esta