El Presidente de la República es incompetente para convocar a referéndum

Variante discursiva de "Cuando el llanto de las ranas pide referéndum"

Por: César Delgado Guembes / Artículo de opinión

El Presidente de la República sólo puede convocar a referéndum cuando se producen las condiciones para que él haga operativo un procedimiento cuyo desarrollo y conclusión le son absolutamente ajenos.

“El Presidente de la República actúa como agente operativo de un proceso en el cual carece de iniciativa.”

El único órgano con iniciativa para el proceso de convocatoria, fuera de la autoridad competente en los procesos que nacen de iniciativa ciudadana que es el Jurado Nacional de Elecciones, es el Congreso de la República, en los casos en que se activa la reforma de la Constitución.

Por si no lo sabe el Presidente de la República, y por si no lo saben quienes abdican del proceso crítico y mental respectivo frente a declaraciones de las autoridades con quienes simpatizan, no tiene iniciativa para convocar ningún referéndum.

Sólo le corresponde ejecutar el acto administrativo de convocatoria cuando el Congreso le comunica que ha aprobado una reforma constitucional y que se han cumplido las condiciones legales o facultativas para que el Presidente de la República cumpla con la obligación de convocar.

El Presidente de la República está obligado a convocar, como obligado también está a promulgar las reformas constitucionales sin posibilidad alguna de omitir esa responsabilidad. No es lo mismo ser sujeto obligado a convocar, que ser un sujeto facultado a convocar a su sola discreción.

Aparentemente el ingeniero Vizcarra, o está mal asesorado, o sus asesores lo empujaron al vacío, o estando adecuadamente asesorado ignora o ningunea a quienes pretenden ayudarlo.

La iniciativa de convocatoria a referéndum le es totalmente ajena. Simplemente la Constitución no lo reconoce como titular de esa atribución. No tiene esa facultad, como sí habría sido válido que la invocara para disolver el Congreso, de no haber sido porque el titular de la confianza que es el Congreso se la aprobó al gabinete Del Solar.

El dislate de la “denegación fáctica”, al que incluso lo acompañó una hepática comparsa de magistrados, ahora lo sucede este otro monumental. Dice que “en el marco de sus facultades constitucionales anuncia que someterá a referéndum”.

El titular del proceso de reforma constitucional, convendría recordárselo, es el poder constituyente. Lo es el pueblo o lo es quienes representan al pueblo… así lo enoje y despierte las iras santas de palacio de gobierno…

“El poder ejecutivo no es poder constituyente. El Congreso es el poder constituyente en representación de la voluntad popular. Es el poder constituyente derivado.”

La capacidad del poder ejecutivo en general, y del presidente de la república en particular, se agota con la posibilidad que le reconoce la Constitución para presentar proyectos de reforma constitucional. El texto es claro. El Congreso debate y aprueba los proyectos de ley y de reforma constitucional, y la propia Constitución dice de modo inconfundible que el Presidente de la República no puede observar las leyes de reforma constitucional que aprueba el Congreso.

Es por eso que el Ministro de Justicia anda en los senderos del extravío cuando declara que el Presidente de la República observaría el proyecto de reforma constitucional sobre la eliminación de la inmunidad parlamentaria. Con un asesor de ese calibre que ignora el texto de la Constitución, poco más cabe esperar que le haga anunciar al ingeniero Vizcarra….

Para que el ingeniero Vizcarra pueda cumplir con el acto de convocar tendría que haberse cumplido antes las condiciones que la Constitución fija, y respecto de las cuales el Congreso puede decidir y resolver, facultativamente, si, a pesar de haber alcanzado la mayoría calificada que establece la ley fundamental para que una reforma no sea sometida a referéndum, se la deriva al Presidente de la República para que convoque.

Para que el Presidente de la República esté habilitado para convocar a referéndum el Congreso debe, antes, haber cumplido con aprobar la reforma constitucional según las vías que señala el Artículo 206 de nuestra Constitución, y además el propio Congreso debe haber, antes también, tenido la iniciativa de comunicárselo. Sin comunicación del Congreso indicándole que se ha cumplido con el proceso de reforma constitucional previsto en el Artículo 206, el Presidente de la República no tiene la facultad que algún despistado pudiera haberle echo creer, o simplemente que él cree o imagina que tiene.

En el Perú el Presidente de la República no es el faraón de Egipto, el zar de Rusia, el Luis XIV de Francia, ni el Carlos I de Inglaterra. Tampoco es Pachacutec ni el sultán del Emirato Árabe. En el Perú el Presidente de la República se somete a la Constitución. Su presidencial voluntad no es una voluntad absoluta. Es una voluntad que la Constitución estructura e interdicta.

Gestos presidenciales como los que constatamos el domingo 5 de julio a mediodía pintan a un gobernante desubicado en el laberinto de su propia rigidez y en el escenario de sus propias impotencias gerenciales. No basta con que quiera o necesite jugar al papel de conductor de los destinos de la república. El rol de caudillo ni de mesías le quedan bien a las repúblicas. El voluntarismo político es definitivamente contrario al Estado constitucional.

El apetito de legitimación que angustia al protagonismo presidencial es una actitud contraria a todo protocolo democrático. Si el Presidente de la República no tiene voceros propios en el Congreso, aunque más de alguno le sirva de báculo su orfandad no lo faculta para que, una vez más, desconozca la Constitución, que se tome atribuciones que no le corresponden, ni para que usurpe la iniciativa, reiterativamente, al Congreso de la República.

(*) El autor es Profesor de Derecho Constitucional y Parlamentario. Ex Oficial Mayor del Congreso de la República.

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