El abogado y el arte de improvisar

El abogado y el arte de improvisar

El violinista Itzahak Perlman, al comienzo de su actuación en un concierto ofrecido en Nueva York comprobó como una de las cuerdas de su violín se rompió.

En lugar de repararlo, y para el asombro de los asistentes, Perlman continuó tocando como si estuviera en las mejores condiciones instrumentales y anímicas, con total entrega y compromiso con su auditorio.

Al concluir, y dirigiéndose a un público entusiasmado, les dijo: “¿Saben lo que ocurre? Hay momentos en los que la tarea del artista es saber cuánto pueden hacer con lo que le queda”.

Esta anécdota llamó mi atención, porque, con las debidas distancias, recoge una situación que suele ocurrirnos a los abogados a diario, y me refiero con ello a esas situaciones en las que teniendo completamente preparada nuestra tarea, surge un imprevisto y nos vemos obligados a continuar actuando en un nuevo escenario limitado por aquella incidencia.

Para identificar esta situación podríamos poner numerosos ejemplos en el contexto de nuestra intervención en sala:

–  La parte, el testigo o el perito en los que teníamos depositada nuestra confianza realizan una declaración desafortunada o, simplemente, no asisten a juicio (y este no se suspende).

– El juez, inesperadamente, nos reduce incomprensiblemente la duración para evacuar el informe oral.

– El juez o el letrado adverso nos interrumpe mientras interrogamos o estamos exponiendo el informe oral.

– Un testigo se muestra muy agresivo llegando a insultarnos.

– En el último momento, y a causa de una repentina enfermedad (no suficiente para suspender), acudimos al juicio con nuestras condiciones físicas mermadas.

REGLAS QUE NOS AYUDAN
No obstante, no está de más disponer de algunas reglas que nos auxilien ante estas difíciles circunstancias:

1º.- Ser conscientes de que los imprevistos constituyen una realidad en la jornada diaria del abogado.

2º.- Aceptar que los imprevistos forman parte de la vida profesional del abogado, pues admitir dicha idea nos permite estar más preparados para afrontarlos como tales, evitando con ello conductas de frustración, enfado y, en ocasiones, ira ante el malestar que suponen los imprevistos.

3º.- Identificar los imprevistos. Es lógico, ya que luchar contra un enemigo desconocido constituye un gran error. Por ello, hemos de conocerlo antes de que sea demasiado tarde.

4º.- Disponer de herramientas para luchar contra los imprevistos. Este aspecto es fundamental, puesto que si estamos preparados, actuaremos con seguridad, paciencia y eficacia para gestionar la situación. Dicho de otro modo, cuando llegue el imprevisto no nos pondremos nerviosos, impacientes y enfadados, elementos estrechamente vinculados a un comportamiento ineficaz que solo nos reportará insatisfacción y nulos resultados.

5º.- Disponer de un Plan B para prevención de aquellos imprevistos más graves, hemos de tener a mano una planificación alternativa que nos facilite la respuesta a la situación creada. Si conocemos los imprevistos, podremos establecer planes de actuación a medida que nos permitan actuar con rapidez y eficacia, y esto en una intervención en sala puede ser determinante.

En definitiva, la clave está en ser consciente de la existencia de imprevistos y su aceptación, previniéndolos en la medida de lo posible, pero, en todo caso, jamás rendirse ante el daño que su repentina aparición haya podido causar en nuestra labor.

No obstante todo lo anterior, lo que jamás podemos olvidar es la importancia de estar siempre preparados, disponiendo de un conocimiento solvente del campo en el que actuamos, lo que redundará sobre el efecto de nuestra improvisación.

Esta idea, puede resumirse en este bello texto de Henri Robert:

“La improvisación del abogado no es, como muchos creen, una especie de milagro intelectual espontaneo, comparable al milagro de Moisés que hace brotar un manantial de una roca desnuda. En la improvisación, la fuente no brota sino cuando previamente el abogado ha sabido acumular un oculto tesoro de vocabulario, de imágenes, de ideas, de conocimientos apropiados, en el que no tiene más que escoger en el momento oportuno. En realidad, la improvisación no es más que el resultado de un largo trabajo de acumulación”.

Por ello, como decía T. Roosevelt, “Haz lo que puedas, con lo que tengas, donde estés”, a lo que añadiría “pero está siempre preparado”

FUENTE: confilegal.com

AUTOR : Oscar Fernández Leon, el columnista,

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